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05 de diciembre: La Parranda de San Pedro es reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

 

Prensa MPPC (5/12/2022) La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (Unesco) declaró como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a la Parranda de San Pedro, el 5 de diciembre de 2103; una tradición popular y religiosa que durante años es celebrada en los pueblos de Guarenas y Guatire, en el estado Miranda.

La decisión fue anunciada desde Bakú, capital de Azerbaiyán, donde el Comité Intergubernamental de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial de la Unesco examinó en ese momento más de 31 candidaturas, presentadas por 46 países.

De esta manera, la Parranda de San Pedro se unió a los Diablos Danzantes de Corpus Cristi, que también fueron declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, pero en el año 2012.

El Ministerio de Cultura ha promovido el reconocimiento a las expresiones culturales populares, por intermedio de los comités para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial.

La Parranda de San Pedro representa una de las manifestaciones culturales populares vinculadas a la identidad de los pueblos de origen africano, celebrada en los pueblos de Guatire y Guarenas, estado Miranda (norte), cada 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo .

La fiesta recuerda a María Ignacia, esclava de una hacienda mirandina que padecía los efectos de una enfermedad que le provocaba fiebre y dolor, en cuyo vientre se formaba vida y aunque sus compañeros y amigos, también esclavos, preparaban brebajes y le pedían a los santos por su sanación, María Ignacia no mejoraba.

La historia relata que, en un momento de lucidez, la esclava encendió una vela a la imagen reconocida como San Pedro y con fe pidió por su salvación, con la promesa de que todos los 29 de junio ella le agradecería el milagro con lo mejor que sabía hacer: bailar.

Ya recuperada, María Ignacia cumplió su promesa, buscó entre sus ropas el mejor vestido, tejió sus cabellos largos y tomó en brazos a su pequeña hija, nacida del milagro. Sus hijos mayores le acompañaron, al igual que sus compañeros y familiares, bajo el ritmo de las maracas y el cuatro.

Tiempo después, María Ignacia fallece y es su marido quien se viste de mujer y mantiene viva aquella promesa, que se mantiene a través de los siglos XIX y XX hasta la actualidad.

T y F : Prensa Alba Ciudad

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