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La alegría de El gato de Botero en los niños venezolanos

Prensa MPPC (21/09/2023).- Aún se siente la nostalgia que dejó la reciente partida física de Fernando Botero, la cual enlutó el universo de la plástica, rendimos especial tributo a este maestro por la simpatía y alegría que generó y sigue generando en los niños su obra titulada El gato, de una serie de felinos que realizó y están diseminados por el mundo, en específico nos referimos a El gato que forma parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Armando Reverón (Maccar) de la Fundación Museos Nacionales (FMN), ente del despacho Cultural.

Este célebre e internacional colombiano, nacido en Medellín (Colombia), el 19 de abril de 1932, nos legó una profusa producción plástica caracterizada por el particular volumen de sus figuras, según él mismo explicaba ” no eran gordas”, su  estilo monumental en sus formas las exaltaba otorgándoles grandeza.
En la colección FMN-Maccar existen aproximadamente 21 obras de este creador,  entre esculturas, pinturas y dibujos; podemos mencionar algunas como Putica  (Little Whore, 1977- vaciado en resina sintética- ; Autorretrato con Luis XIV (según Rigaud), Self-potrait with Louis XIV (after Rigaud),1973, óleo sobre tela y Venus, 1989, óleo sobre tela, así como La bailarina desnuda, pero es El gato la que indiscutiblemente ha logrado una conexión muy íntima con los más consentidos de la casa.
El gato de la colección Maccar es una  escultura de bronce -1981-, que mide 330x107x107cm con cara infantil, donde resaltan sus avispados ojos y sus bigotes puntiagudos, este felino está erguido en sus cuatro patas y posee una larga cola.
Aparte, de la mencionada escultura existe en el Maccar una pequeña réplica en un material manejable que se hizo en su momento  especialmente para una sala destinada a las personas invidentes denominada “Espacio Tiflológico” y la idea de esta pieza era que pudiera ser palpada y percibida a través del tacto.
Más allá de esta función dicho escultura ha sido el protagonista de múltiples talleres infantiles dentro del museo y fuera del museo, saliendo innumerables veces a sitios públicos como La Plaza de los Museos, donde los niños lo han dibujado, cargado y palpado. Sus salidas han respondido a espacios  enmarcados en jornadas y actividades especiales como el Día del niño, el Día Internacional de los museos o de programas banderas como “El museo va a la escuela”, entre otros.
Cabe destacar que El gato del Maccar pertenece a una serie de felinos hechos por Botero, siendo que unos están sentados y otros erguidos en sus cuatro patas; unos son medianos y otros  colosales de muchas toneladas, siendo que están diseminados por diversas ciudades en distintos países como su natal Medellín (-de pie- Parque Biblioteca, San Cristóbal y –sentado-Plaza de las Esculturas de la Plaza Botero); los de Yerevan (Armenia);  Venecia, (Italia); Museo de Arte de Singapur –sentados-  y el ubicado en las ramblas de Raval, (Barcelona, España) que está de pie, entre otros.
En una oportunidad el maestro Mario Vargas Llosa escribió que “los seres del mundo de Botero empezaron a engordar un día preciso, en un lugar determinado, y poco menos que casualidad. Era 1956, en un parque de la Ciudad de México. Un joven colombiano de 24 años tenía un lápiz y un cuaderno de dibujo en las manos. En un momento de distracción, de manera casi inconsciente, empezó a garabatear las formas de una mandolina. Sin proponérselo, por deliberación, se diría de los dedos que empuñaban el lápiz, éste alteró las proporciones del objeto, enanizando el hueco central, con lo que el resto del instrumento pareció crecer, devorar la superficie del contorno y erigirse sobre ella como un gigante. Botero habría reconocido de inmediato, al examinar el dibujo recién salido de sus manos, que acababa de ocurrirle algo esencial y comprendió que su obra, a partir de ese instante, sería distinta”.
Muchos años después Botero afirmó que engordar aquella mandolina fue para él como “cruzar una puerta para entrar a otro cuarto”.
“En Botero la obesidad, es como él dice, vehículo de sensualidad, pero habría que entender esto en una acepción artística antes que vivida. La gordura  es para él un punto de vista y un método más que una realidad concreta”.
T: Teresa Quilez/F: Prensa ICOM

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